jueves, 17 de diciembre de 2009

El futuro de la Iglesia


Vodafone patrocinará la Semana Santa de 2010

Por Nigel Reeves



La Conferencia Episcopal Española ha llegado a un acuerdo con el primer operador europeo de telefonía móvil para que las casullas y capas pluviales que vistan los sacerdotes en la próxima Semana Santa lleven su publicidad. De acuerdo con la norma 346 de la actual Instrucción General del Misal Romano, el color rojo, que es el color corporativo de Vodafone, se usa el domingo de Pasión y el Viernes Santo y en las celebraciones de la Pasión del Señor. El acuerdo prevé una posible extensión del patrocinio al domingo de Pentecostés, las fiestas natalicias de Apóstoles y Evangelistas y a las celebraciones de los Santos Mártires.


Aún no se conoce el diseño concreto de las vestimentas, aunque sí se ha adelantado que el logotipo de la compañía se estampará sobre el pecho en las casullas y sobre la espalda en las capas. También se sabe que se confeccionará un número limitado de casullas con el logotipo a la espalda, para aquellas parroquias que han recuperado la liturgia preconciliar. Nada ha trascendido, en cambio, acerca de la cantidad que la operadora pagará a la Iglesia por su patrocinio, pero la satisfacción es evidente por ambas partes, y más aún si uno se fija en ellas. En todo caso se espera vender entre cincuenta mil y dos millones de casullas con el nombre de Rouco.


Fuentes eclesiásticas han descartado que pueda haber problemas con la norma 344 de la misma Instrucción, según la cual es conveniente que el ornato de las vestiduras presente figuras o imágenes y símbolos que indiquen el uso litúrgico, evitando todo lo que desdiga del uso sagrado. “Por el contrario, la telefonía vía satélite es una hermosa metáfora de la comunicación con las alturas”, ha señalado el mismo portavoz, que no ha sabido identificarse. Idéntico planteamiento ha llevado ante la Sagrada Congregación del Merchandising de la Fe la propuesta de los obispos españoles de que sea Iberdrola, como símbolo de luz y energía, quien próximamente patrocine con su color verde los Oficios y las Misas del Tiempo Ordinario, en perjuicio de otros candidatos como Caja Madrid, cuyo osito, de encontrárselo de frente en la Comunión, hubiera suscitado perplejidad y no pocas dudas en los fieles.


Estos proyectos se enmarcan en el plan “2020;)”, que recoge también iniciativas como “Su Misa, gracias”, para facilitar la Eucaristía en el medio rural, mediante la instalación de máquinas de vending expendedoras de Sagradas Formas y Vino Consagrado, junto con un ticket con las Lecturas y la Homilía de la semana, al modo de las básculas y los test de tensión de las farmacias, “que te dan el peso, la estatura, la tensión y los biorritmos, incluso podríamos ofrecer todos los servicios a la vez, dada la avanzada edad de los habitantes de nuestros pueblos”, siempre según el portavoz citado.

El muro de la vergüenza

“El Muro de la Vergüenza tardó en desaparecer porque nadie se atrevía a hincarle el diente”

Por Riccardo Caravaggio


Ésta es la desafiante pero sugestiva tesis del periodista y, para algunos, historiador Ant Horny Beaver, expuesta en el congreso de historia recientemente celebrado en Beijin bajo el título “20 años después, ríete tú de la Muralla China”. Según el escritor británico, el muro de Berlín permaneció tanto tiempo entre los europeos porque nadie se decidía a acabar con la última de las patas de la guerra fría que las potencias les habían servido. “Podemos imaginar la escena, unos alemanes mirándose a otros de reojo, todos con ganas de terminar con algo que llevaba demasiado tiempo sobre la mesa de negociaciones, con verdadera hambre diría yo, pero ninguno, tal vez por timidez, por miedo, o por falsa continencia, ninguno con valor para alargar la mano y acabar con los restos de la guerra fría.”


Destacó la intervención, en una mesa redonda posterior, del profesor y superhéroe hispano-kryptonés Jesús Newra, quien abundó en la tesis de Beaver señalando que era acorde con el carácter formalista y disciplinado de los alemanes, “más aún si eran, como los del Este, unos descerebrados izquierdosos, igual que el iluminado de Zapatero”, y después contó un chiste sobre el presidente del gobierno español del que sólo se rió él. También terció en el debate surgido acerca de la profesión de historiador y la cada vez mayor presencia de autores ajenos al gremio: “No hay de qué preocuparse”, manifestó, “yo mismo me dedicaba a lo que viene siendo profesor y aquí me tienen ahora, de showman…”. “Hay que joderse”, añadió por lo bajinis.


La polémica del congreso la protagonizó el griego Mozos Yamaltaxis. Éste, que alcanzó cierta notoriedad a mediados de los años ochenta del siglo pasado al publicar junto con Dionysos Gattas su monumental El pensamiento urbanístico de Platón en los místicos sufíes del siglo X, y del que por razones obvias nada se había vuelto a saber desde entonces, se despachó con una ponencia que para la mayoría de los presentes resultó incoherente, y de la que sólo se alcanzó a comprender, una vez se conectó la traducción simultánea, que el autor no se explicaba a santo de qué lo habían llamado a un congreso de historia contemporánea, pero que aún así no pensaba devolver las dietas a su universidad, “ni mucho menos el cenicero de recuerdo”.